
Y en la perplejidad de mi vida, decidí tomar una pausa.
Ese respiro que penetra hasta más allá de mis pulmones, y de tu espalda.
Y en vista a la mudez de nuestro cuerpo, también decidí darle un sosiego al ímpetu de mis caderas.
También retuve las palabras, y los años de compañía.
Porque vi como me miraste esa mañana, y no me digas que es el invierno que empaño mi iris desgastado. La frigidez de nuestro amor se respira en el aire.
Nunca logre hacerte entender que las mujeres no conocemos la sensación de acabar, si no la de una llegada infinita.
Tampoco logre entender tu recelo por decir te amo, y aunque si logre comprender que el amor es un significante lingüístico que carece de total significado. Yo estaba dispuesta a ayudarte a inventar el nuestro.
Se nos acabo el tiempo, ve a explorar amores de unos pocos segundos, mientras yo recién comienzo a explorar lo que es el amor al propio cuerpo, a la propia esencia inamovible, y a la reciprocidad de los cariños.
Pero no vuelvas, promete que no volverás, porque te juro que esta vez, esta vez si mi amor. Si quiero aprender…





